Cuando se habla de relaciones bilaterales entre países, la atención suele centrarse en el comercio o los acuerdos económicos. Sin embargo, estas relaciones también tienen efectos directos en la educación superior, la cooperación académica y las oportunidades de movilidad internacional para estudiantes y profesores.

En el contexto reciente de tensiones diplomáticas entre Colombia y Estados Unidos, han surgido inquietudes sobre el futuro de los programas de intercambio, las becas y los apoyos económicos que históricamente han permitido a estudiantes colombianos acceder a experiencias académicas en el país del norte.

Para comprender qué está ocurriendo y qué se puede esperar a futuro, conversamos con Libardo Gutiérrez, director de Relaciones Internacionales e Interinstitucionales de la Universidad de La Salle.

Estados Unidos, un aliado académico histórico

Estados Unidos no solo ha sido uno de los principales socios comerciales de Colombia, sino también un referente clave en materia académica. Durante años, múltiples programas de cooperación facilitaron el intercambio de estudiantes, profesores y proyectos de investigación entre ambos países

“Muchas de las convocatorias sobre las que nos apalancábamos tanto para enviar como para recibir estudiantes se detuvieron de manera repentina”, explica Gutiérrez.

Uno de los casos más representativos fue el programa 100K Strong in the Americas impulsado durante el gobierno de Barack Obama, que permitió a la Universidad de La Salle enviar estudiantes a instituciones como la Universidad de California en Davis, New Mexico State University y North Carolina State University, apalancando recursos cercanos a los 200.000 dólares entre el 2018 y el 2024.

“Fue uno de los programas que, repentinamente, se detuvieron. Siempre estuvo la expectativa de que se estaba ajustando o redefiniendo, pero las convocatorias dejaron de lanzarse”, señala el director.

El impacto de los recortes en cooperación internacional

La finalización de estos programas coincidió con una reducción significativa de los recursos destinados a cooperación internacional por parte de Estados Unidos, especialmente a través de agencias como USAID. Estos recortes no solo afectaron iniciativas humanitarias, sino también proyectos educativos y agrícolas.

“Hubo convocatorias menos conocidas que también dejaron de funcionar, como Cacao for Development, un programa de gran importancia para estudiantes del campus Utopía”, explica Gutiérrez.
 

¿Se trata de una crisis definitiva?

Para el director de Relaciones Internacionales e Interinstitucionales de Unisalle, el escenario actual debe entenderse como una fase de transición, más que como un cierre definitivo: “Estamos transitando de enfoques más reactivos y mediáticos hacia mecanismos de relacionamiento más institucionales, en los que la diplomacia y las buenas prácticas adquieren un papel central”, afirma.

Ante la disminución de los programas financiados directamente por los gobiernos, las universidades han buscado alternativas para mantener viva la cooperación internacional: “Han aflorado otro tipo de colaboraciones basadas en la afinidad académica y los lazos de cooperación entre universidades”, cuenta Libardo.

Un ejemplo es el trabajo conjunto con Lewis University en Chicago, que permite a estudiantes lasallistas realizar pasantías cortas de investigación en áreas como biología e ingeniería ambiental, con apoyo en costos de hospedaje y alimentación.

¿Por qué sigue siendo clave Estados Unidos?

En el panorama actual, los principales programas que se mantienen están enfocados en maestrías y doctorados, como Fulbright, y responden a una lógica de atracción de talento: “Todos los países quieren atraer a las personas más calificadas para que contribuyan a sus economías y centros de investigación”, explica el director.

A pesar de la coyuntura, Estados Unidos continúa siendo un aliado estratégico para la educación superior, al concentrar un alto número de las universidades mejor posicionadas del mundo y actuar como un polo de atracción para la investigación.

“La cooperación académica con Estados Unidos suele tener un alto efecto multiplicador, no solo en términos financieros, sino también en capacidades técnicas y académicas. Este tipo de colaboración facilita tanto el envío de estudiantes al exterior como la atracción de estudiantes estadounidenses, quienes se encuentran entre las principales nacionalidades que participan en programas de movilidad hacia la Universidad de La Salle”, concluye Gutiérrez Mengual.

Aunque el escenario actual presenta retos, desde la Universidad de La Salle el mensaje es claro: las oportunidades no han desaparecido, se están transformando. La cooperación académica internacional sigue siendo una apuesta estratégica y, con el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas, se espera una reactivación gradual de la movilidad.
 

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