En un momento donde la información está al alcance de un clic y las tecnologías actualizan las maneras de aprender, el papel del maestro también atraviesa una profunda transformación. Más allá de transmitir contenidos, hoy la docencia enfrenta el desafío de formar personas, conectar con nuevas realidades y ayudar a encontrar sentido en medio de un mundo cambiante.
En el marco del Día del Maestro, la Universidad de La Salle propone una reflexión sobre el liderazgo docente y el lugar que ocupa hoy el educador dentro de la sociedad. Para Wilson Acosta Valdeleón, director del Centro de Liderazgo y Excelencia Docente (CLED), “la idea de un maestro que solamente transmite el saber ya hoy no tiene mayor fuerza”.
Un maestro para nuevas realidades
La transformación digital modificó no solo las herramientas disponibles para aprender, sino también las expectativas de los estudiantes y sus formas de relacionarse con el conocimiento. Redes sociales, plataformas digitales e inteligencia artificial hacen parte del entorno cotidiano de las nuevas generaciones y obligan a replantear las maneras de enseñar.
Para Acosta, esto implica que el docente debe ir mucho más allá del dominio disciplinar.
“Los maestros hoy tienen que empezar a cumplir otras funciones que ya no solamente tienen que ver con transmitir conocimientos, sino con desarrollar destrezas y competencias cada vez más creativas, más relacionadas con el pensamiento y la imaginación”, explica.
A esto se suma otro desafío: una sociedad que envejece y que demanda procesos de aprendizaje permanentes. La educación, señala, ya no puede entenderse como una etapa limitada de la vida, sino como un ejercicio continuo que acompaña a las personas en distintos momentos y contextos.
Liderar desde el aula
Hablar de liderazgo educativo hoy también significa comprender los cambios sociales, culturales y tecnológicos que atraviesan los estudiantes. Para el director del CLED, los maestros deben convertirse en “analistas simbólicos” capaces de interpretar esos contextos y responder a nuevas necesidades. Sin embargo, insiste en que hay algo que sigue siendo irremplazable: la capacidad humana del maestro para orientar, inspirar y acompañar.
“No podemos solamente ser maestros que caemos en el relativismo o en el ‘todo vale’. Nos asiste una responsabilidad ética y política de orientar hacia una vida buena, democrática y con sentido”, afirma.
Esa reflexión adquiere aún más relevancia en un contexto donde muchos jóvenes sienten desconexión frente a modelos educativos tradicionales y buscan que la educación también dialogue con su proyecto de vida, sus emociones y su realidad.
La autoridad que no reemplaza la inteligencia artificial
En medio del auge de la inteligencia artificial, una de las preguntas inevitables es qué sigue haciendo indispensable a un maestro. Para Acosta, la respuesta está en la profundidad del conocimiento, la experiencia y la capacidad de transformar realidades
“Cuando tienes un maestro con un conocimiento disciplinar muy fuerte, que investiga, trabaja con comunidades y logra impactar incluso en políticas públicas, esa es una influencia incontestable”, asegura.
Desde su visión, el liderazgo docente se fortalece cuando el conocimiento sale del aula y logra generar impacto en los territorios, las comunidades y la sociedad.
Más que una celebración
Más allá del reconocimiento simbólico, el Día del Maestro también representa una oportunidad para pensar el sentido actual de la educación y del oficio docente.
“No solamente es un día para darnos palmaditas en la espalda y decirnos cuán buenos somos, sino que tiene que convertirse en un día de reflexión muy fuerte sobre el quehacer del maestro”, concluye Acosta.
En un mundo marcado por la incertidumbre y los cambios acelerados, el desafío del maestro quizá ya no sea únicamente enseñar, sino ayudar a construir criterio, humanidad y sentido en medio de la transformación.