La fatiga visual digital se trata de una condición que afecta a un número creciente de personas y que, aunque muchas veces se normaliza, puede impactar de forma directa la salud visual y el bienestar diario, agrupa una serie de síntomas asociados al uso prolongado de dispositivos electrónicos. Hoy, con jornadas que superan fácilmente las seis u ocho horas frente a pantallas, el sistema visual se ve sometido a un esfuerzo constante.
De acuerdo con la doctora Marcela Contreras, directora de la Clínica de Optometría de la Universidad de La Salle, este fenómeno está directamente relacionado con los cambios en los hábitos cotidianos.
“El aumento del trabajo remoto, la educación virtual y el uso continuo de dispositivos ha incrementado la demanda sobre el sistema visual, generando una fatiga acumulativa”, explica.
Aunque puede parecer un malestar pasajero, la fatiga visual tiene síntomas claros que se repiten en la mayoría de los casos, entre los más frecuentes están la visión borrosa, la dificultad para enfocar, la sensación de ardor o irritación ocular, los ojos secos o el lagrimeo excesivo. A esto se suman dolores de cabeza, pesadez ocular e incluso molestias en cuello y hombros asociadas a la postura.
Estos síntomas suelen aparecer después de varias horas frente a pantallas y, sin una intervención adecuada, pueden intensificarse con el tiempo.
¿Qué ocurre en los ojos?
Detrás de estas molestias hay cambios fisiológicos que afectan directamente el funcionamiento visual. Uno de los principales es la disminución del parpadeo, que puede reducirse hasta en un 60 %, generando resequedad ocular. A esto se suma el esfuerzo constante de los músculos oculares al enfocar a corta distancia y la exposición continua a luz artificial.
El resultado es una sobrecarga del sistema visual que no solo afecta la comodidad, sino también el rendimiento académico y laboral.
Cómo aliviar la fatiga visual
Aunque el problema es común, también existen medidas efectivas para reducir su impacto en la vida diaria: Una de las más recomendadas es la regla 20-20-20: cada 20 minutos, hacer una pausa y mirar a una distancia de aproximadamente seis metros durante 20 segundos.
A esto se suman acciones como mantener un parpadeo consciente, ajustar el brillo y contraste de la pantalla, cuidar la postura y respetar una distancia adecuada frente al monitor.
También es clave evitar el uso prolongado de pantallas antes de dormir, ya que puede afectar tanto la visión como el descanso.
Desde la Clínica de Optometría de la Universidad de La Salle, el enfoque no solo está en aliviar los síntomas, sino en prevenir alteraciones visuales a largo plazo.
Las recomendaciones incluyen pausas visuales durante la jornada, una adecuada iluminación del espacio de trabajo, el uso de filtros o lentes para pantallas cuando sea necesario y, sobre todo, mantener una corrección óptica adecuada según cada caso. Cada persona, sin embargo, requiere una valoración individual que permita identificar sus necesidades específicas.
¿Cuándo consultar?
Más allá de las molestias ocasionales, hay señales que indican la necesidad de acudir a un profesional, si los síntomas son persistentes, aparece visión borrosa constante, dolores de cabeza frecuentes o dificultad para trabajar o estudiar frente a pantallas, es importante realizar un examen visual.
También se recomienda consultar si no se ha hecho una valoración en el último año, ya que un diagnóstico oportuno puede prevenir alteraciones más complejas.
La fatiga visual digital no es un problema menor ni exclusivo de ciertos grupos. Es una consecuencia directa de la forma en que hoy interactuamos con la tecnología. Reconocer sus síntomas y adoptar hábitos adecuados puede marcar la diferencia en la calidad de vida, especialmente en un contexto donde el uso de pantallas seguirá siendo parte del día a día.
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