La ingeniería no solo resuelve problemas técnicos: también puede transformar realidades sociales. Así lo demuestra la trayectoria de William Antonio Lozano Rivas, egresado del programa de Ingeniería Ambiental y Sanitaria de la Universidad de La Salle, cuyo trabajo investigativo ha dado lugar a cuatro patentes orientadas al desarrollo de tecnologías eficientes y de bajo costo para comunidades vulnerables.
Su proyecto de investigación surge como la continuación natural de múltiples inquietudes que nacieron durante su etapa como estudiante universitario. Desde entonces, su propósito ha sido claro: desarrollar soluciones tecnológicas pensadas para quienes no tienen la posibilidad de acceder a tecnologías costosas, especialmente comunidades rurales de Colombia y de otros países de América Latina, donde las limitaciones económicas y estructurales dificultan el acceso a alternativas técnicas eficientes.
William señala que, en general, los programas de ingeniería no solo en Colombia, sino a nivel mundial suelen enfocarse en resolver problemáticas de grandes ciudades, grandes empresas y contextos donde existe un flujo de capital que facilita la implementación de soluciones. Frente a ello, identifica una ausencia histórica: "la falta de tecnologías diseñadas específicamente para contextos rurales y comunidades menos favorecidas, donde también existen necesidades urgentes y legítimas".
Este enfoque social de la ingeniería tiene raíces profundas en su historia personal. Su padre, ingeniero civil, trabajó durante muchos años en proyectos de acueductos rurales y comunitarios, experiencia que marcó su infancia y le permitió comprender desde temprano que la ingeniería cumple una función social fundamental. A esta influencia familiar se suma la formación recibida en la Universidad de La Salle, que según afirma se articuló de manera natural con los valores humanistas aprendidos en casa.
“La educación lasallista refuerza esa filosofía transformadora que te impulsa a buscar soluciones reales y concretas para las comunidades que no pueden pagar esas tecnologías”, explica. Para William, la formación humanista, cristiana y social que promueve La Salle no solo complementa la formación técnica, sino que orienta el ejercicio profesional hacia el servicio, la fraternidad y el compromiso con el bien común.
En 2024, en el marco de la conmemoración de los 60 años de la Universidad de La Salle, William Antonio Lozano Rivas fue galardonado con la Orden de San Juan Bautista de La Salle, un reconocimiento que recuerda como una velada especialmente significativa. En ese contexto, también tuvo la oportunidad de conocer más de cerca el proyecto Utopía, al que describe como una iniciativa profundamente inspiradora por su capacidad de llevar conocimiento, formación y oportunidades a comunidades que realmente las necesitan, generando transformaciones sociales de fondo.
Desde su perspectiva, fomentar la función social de la ingeniería y de todas las profesiones permite desarrollar una visión más amplia, humana y comprometida con los verdaderos hitos transformadores que aportan a la construcción de país y del mundo. La Universidad, afirma, es el espacio donde se comprende el propósito profundo del ejercicio profesional, un propósito que trasciende incluso la vida laboral.
William insiste en que no se estudia únicamente para hacer dinero. Si bien reconoce que el ingreso económico es necesario, enfatiza que el dinero debe entenderse como una herramienta y no como un fin. El verdadero propósito de la formación profesional afirma va más allá del título, del cargo o del reconocimiento individual: "consiste en poner el conocimiento y las habilidades al servicio de causas más grandes, especialmente de quienes más lo necesitan".
Para él, ese propósito debe tener un enfoque humanista, orientado al progreso de la humanidad y a romper el paradigma de que la ciencia, el desarrollo y la ingeniería solo existen para las grandes ciudades o los grandes proyectos. “Hay comunidades que todavía esperan soluciones y que a veces sienten que no hay ingeniería para ellas. Eso tiene que cambiar”.
Finalmente, William comparte que no hay mayor satisfacción que ver la alegría y las sonrisas de las comunidades cuando reciben atención y soluciones a necesidades que han sido ignoradas durante años. En un mundo que describe como convulso y superficial, marcado por el ruido y la distracción frente al propósito de vida, destaca la formación lasallista como un punto de anclaje que ayuda a reencontrar el sentido, el camino y la razón de ser del ejercicio profesional.
“La formación humanista, cristiana y lasallista nos aterriza y nos recuerda cuál es nuestro propósito. Desde ahí es posible lograr transformaciones reales, con sentido y con un impacto profundo en la vida de las personas”.
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