La educación superior como reparación, dignificación y construcción de paz es el eje central de Tejer la experiencia, una obra que recoge el proceso formativo de mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia que lograron convertirse en profesionales en Trabajo Social.

El libro, presentado recientemente, surge como una memoria académica y humana del camino recorrido por mujeres acogidas en el marco del Auto 092 de la Corte Constitucional, una medida de protección que reconoció las afectaciones diferenciales del conflicto sobre las mujeres.

Una apuesta académica que trasciende el aula

De acuerdo con Alba Lucía Cruz, compiladora de la obra, el proceso no solo representó un reto pedagógico, sino una transformación profunda en la manera de entender la educación:

“No se trata solo de transferir conocimientos, sino de reconocer la experiencia de vida como un saber legítimo”, explica. 

Esta apuesta implicó pasar de una educación tradicional a una pedagogía del acompañamiento, donde la universidad se convierte en un actor activo dentro de las realidades sociales del país.

En palabras de Cruz, este proceso permitió que las mujeres dejaran de ser definidas únicamente por el daño sufrido, para reconocerse como sujetas de conocimiento, liderazgo y acción social. La educación no se agota como una indemnización económica, sino que se multiplica y se convierte en capital social para sus comunidades. 

Hoy, muchas de ellas se desempeñan en sus territorios como lideresas, impulsando procesos sociales y formativos.

Retos invisibles: estudiar en medio de la vida real

El camino no fue sencillo. El libro documenta desafíos académicos, emocionales e institucionales. Por un lado, las estudiantes enfrentaron procesos de alfabetización académica, adaptándose a dinámicas universitarias exigentes. Por otro, cargaban con responsabilidades familiares y contextos de vulnerabilidad.

Así lo relata Maritza Mena, autora del primer capítulo:

“No era fácil para nosotras, mujeres adultas, estudiar junto a jóvenes, con responsabilidades de cuidado y otras cargas que dificultan construir un proyecto de vida”.

A pesar de ello, destaca el papel clave del acompañamiento institucional para garantizar su permanencia y graduación.

Un modelo de acompañamiento que marca la diferencia

Uno de los aportes más relevantes del libro es la construcción de un Modelo Integral de Acompañamiento, basado en tres dimensiones:

  • Apoyo académico (tutorías)
  • Apoyo socioeconómico (transporte y alimentación)
  • Acompañamiento psicosocial y espiritual 

Este enfoque permitió entender a cada estudiante desde su realidad particular, reconociendo diferencias de género, territorio y experiencia de vida. El resultado va más allá de la graduación. El proceso formativo fortaleció la capacidad de proyectar futuro, el liderazgo comunitario y la incidencia social de las participantes.

El libro evidencia cómo una sola trayectoria universitaria puede transformar no solo una vida, sino también las expectativas de familias y comunidades enteras.  Cuatro años después de su graduación, varias de estas mujeres regresan a la universidad no como estudiantes, sino como autoras de su propia historia.

“Estamos aquí recordando estos momentos, pero también hablando de nuestro libro”, expresa Mena, reflejando el valor simbólico de este proyecto.

Tejer la experiencia no es solo un libro: es una muestra concreta de cómo la educación puede convertirse en una herramienta real de justicia, dignificación y transformación social en Colombia.

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