El nacimiento de Ámbar, la tercera cría de cóndor de los Andes incubada de forma artificial en el Parque Jaime Duque, se ha convertido en un hito para la conservación de esta especie críticamente amenazada en Colombia. Y esta historia tiene un sello profundamente lasallista: detrás del logro se encuentra Luis Fernando Castro, egresado del programa de Zootecnia, junto con un estudiante en formación que acompaña los procesos técnicos y de seguimiento.
Ambos aportan sus conocimientos a uno de los programas de conservación más importantes y sostenidos del país.
Un nacimiento que confirma una labor constante, con una población estimada entre 150 y 250 individuos en Colombia, la supervivencia del cóndor andino depende de proyectos científicos continuos y de largo aliento.
Para Luis Fernando Castro, quien lleva 10 años trabajando con esta especie en el parque, este nacimiento reafirma esa visión: “Este nacimiento representa la continuidad de un programa de conservación como deberían ser: no acciones momentáneas en el tiempo.”
Las experiencias previas con Rafiki y Wayra permitieron ajustar protocolos, comprender mejor la especie y fortalecer el proceso. Aunque Ámbar representa la tercera cría incubada artificialmente, el reto no disminuye:
“Con Ámbar uno se siente más seguro para trabajar, aunque sigue siendo igual de exigente.”
A su lado, un estudiante de Zootecnia de la universidad participa en la toma de datos, revisión de protocolos y observación directa del manejo, fortaleciendo sus competencias profesionales en escenarios reales de conservación.
Zootecnia: un aporte decisivo desde la formación lasallista
Luis Fernando resalta la importancia de su formación académica en estos procesos: “La zootecnia da las bases, sobre todo en incubación y reproducción de animales… es clave. Luego uno debe profundizar hacia la especie en la que quiera trabajar.”
Este tipo de experiencias demuestra cómo la disciplina, combinada con la sensibilidad ética y la mirada humanista propia de la formación lasallista, prepara profesionales capaces de asumir retos complejos en el manejo de fauna silvestre.
Para los estudiantes, trabajar junto a egresados involucrados en proyectos de alto impacto reafirma la pertinencia de su carrera y el valor de la conservación como campo profesional en crecimiento.
Un nacimiento lleno de retos biológicos y técnicos
El caso de Ámbar fue, en palabras de Luis Fernando, “bastante atípico”. La cría tardó dos días más en nacer debido a irregularidades en la incubación inicial, daños en la cáscara y posibles afectaciones en estructuras internas del huevo, causadas por un intento de ruptura del macho.
“Hubo momentos tensos por la ruptura de la cámara de aire… el primer picaje se retrasó 34 horas y, si no avanzaba en 12 horas más, se debía intervenir manualmente.”
Finalmente, Ámbar nació después de 66 horas de espera desde el picaje, gracias al monitoreo constante, a la adaptación de protocolos internos y a la experiencia adquirida en cada caso anterior.
Una reflexión profunda para el país
Ámbar no solo es un logro científico: también es una advertencia y un recordatorio. Luis Fernando lo resume así: “Las estrategias de conservación no deben actuar solo cuando las especies están en niveles muy bajos, y tampoco pueden ser iniciativas estacionales de cinco o diez años.”
Además, invita a repensar la formación profesional desde la sostenibilidad:
“Nuestra carrera, aunque enfocada en la producción, debe ser una producción sostenible. Primero hay que entender el impacto y lo que hay en nuestros ecosistemas.”
El nacimiento de Ámbar demuestra el impacto real que pueden tener nuestros egresados y estudiantes cuando ponen su conocimiento al servicio del país. El trabajo de Luis Fernando Castro y del estudiante que lo acompaña reafirma el compromiso institucional con la conservación, la sostenibilidad y el cuidado de la vida en todas sus formas.
Ámbar es esperanza, ciencia y vocación: un símbolo de lo que significa trabajar por el bien común desde la misión lasallista.
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